Marco Tulio Cicerón

Vida:

Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.), se destacó como escritor, político y orador romano. Su carrera política fue considerable, no obstante, Cicerón es principalmente conocido como el orador más elocuente de Roma y como hombre de letras.

Nació en Arpinum (actualmente Arpino, Italia) y en su juventud realizó estudios de derecho, oratoria, literatura y filosofía en Roma. Tuvo una breve carrera militar y tres años de experiencia como abogado defendiendo a ciudadanos privados, realizó viajes a Grecia y Asia, donde continuó sus estudios. Al regresar a Roma en el 77 a.C. comenzó lo que sería su carrera política, y ya para el 74 a.C. fue elegido miembro del Senado.

La familia de Cicerón no pertenecía a la aristocracia romana, sin embargo, los patricios más ricos y poderosos de Roma le apoyaron en su candidatura al consulado en el 64 a.C. debido a al gran desagrado que les producía el otro candidato, aristocrático pero menos respetable, el cual era Lucio Sergio Catilina. Resultó elegido Cicerón, y Catilina volvió a intentarlo al año siguiente con el mismo resultado. Entonces, airado, organizó una conspiración para derribar el gobierno. Cicerón controló la situación, detuvo y ejecutó a varios de los partidarios de Catilina y a éste lo expulsó del Senado con una ardiente soflama conocida como Catilinarias. Julio César y otros senadores romanos sostuvieron que Cicerón había obrado con excesiva dureza, sin proporcionar las debidas garantías legales a los conspiradores. Toda la polémica producida conllevó a que en el 58 a.C., Cicerón se viera obligado a exiliarse. Luego de un año en Macedonia fue perdonado por el general romano Pompeyo el Grande.

Cicerón se dedicó a la literatura hasta el 51 a.C., cuando aceptó el encargo de gobernar la provincia romana de Cilicia como procónsul. Regresó a Roma en el 50 a.C. y se unió a Pompeyo, que se había convertido en el mayor enemigo de Julio César. Cuando César derrotó a Pompeyo, en el 48 a.C., Cicerón comprendió que continuar con la resistencia a César era inútil, y aceptó su amistad, aunque mientras César fue dictador de Roma, Cicerón vivió apartado de la vida política dedicándose a escribir. Después del asesinato de César, en el 44 a.C., Cicerón retornó a la política. Esperando ver la restauración de la República, apoyó al hijo adoptivo de César, Octavio, más tarde el emperador Augusto, en sus luchas contra el cónsul romano Marco Antonio. Sin embargo, Octavio y Marco Antonio se reconciliaron, y Cicerón fue ejecutado como enemigo del Estado, el 7 de diciembre del 43 a.C.

 

Obra:

Destacan sus tratados De Legibus (Sobre las leyes), De Officiis (Sobre el deber), y De Natura Deorum (Sobre la naturaleza de los dioses). De Oratore (Sobre la retórica)

Entre las obras menores de Cicerón, los tratados De Senectute (Sobre la vejez) y De Amicitia (Sobre la amistad) siempre han sido admirados por su estilo cultivado. Muy importantes son cuatro colecciones de cartas escritas por Cicerón a sus conocidos y amigos. Estas cartas constituyen una revelación espontánea de su autor y una excelente fuente de información sobre la política y las costumbres de la antigua Roma, y se ocupan de temas que van desde la filosofía y la literatura a las cuestiones familiares.

 

Aporte a la Filosofía del Derecho:

Cicerón creó un elaborado estilo prosístico que combina claridad y elocuencia, y que se ha convertido en uno de los modelos por medio de los que se juzga toda la demás prosa latina. Su obra contribuyó mucho al enriquecimiento del vocabulario de su propio lenguaje. Los escritos de Cicerón tratan sobre muchos temas. Sus obras filosóficas revelan su creencia en Dios y en el libre albedrío.

Casi todos los trabajos filosóficos de Cicerón tienen su base en fuentes griegas y, por lo tanto, aparte de su valor intrínseco, tienen uno añadido como es el de haber divulgado y preservado la filosofía griega que de no haber sido por él, tal vez, se hubiera perdido. A partir del 45 a.C. y de la muerte de su hija Tulia, Cicerón se retiró de la política para dedicarse por completo a sus escritos literarios y filosóficos.

Sus obras retóricas, escritas en forma de diálogo, en especial De Oratore (Sobre la retórica), tienen gran valor como modelos de una consumada retórica y como una rica fuente de material histórico. Las más famosas de sus piezas de oratoria son las cuatro contra Catilia, conocidas por Catiliniarias, y las catorce contra Marco Antonio conocidas por Filípicas.

De León Barbero, en su publicación “La comunidad como horizonte del pensamiento político latino”, (documento en línea) señala que Cicerón es considerado como una figura que ha generado discusión por su carácter de filósofo debido a que “mientras en algunos momentos fue considerado como parte importante de los filósofos antiguos, en otros vino a disminuirse su perfil cayendo en la categoría de un pensador sin ideas originales”.

Asimismo, expresa el citado autor que:

Quizás la importancia de la filosofía de Cicerón esté precisamente en haber difundido un pensamiento que no era originalmente suyo y que adquirió, en su medio y en su mundo, un peso digno de consideración.

Efectivamente Cicerón se formó bajo el magisterio de una diversidad de filósofos griegos entre los cuales cabe mencionar a Fedro, a Diodoto, a Filón y a Zenón, entre otros. Con esta experiencia formativa tan variada que incluyó epicureismo, estoicismo, dogmatismo y escepticismo, tanto como platonismo y aristotelismo, Cicerón fue en gran manera responsable de la formación del vocabulario filosófico latino. Cosa de la que, además, parece haber estado muy consciente. Su pensamiento, claramente ecléctico, va de una a otra influencia entre todas aquellas con las que tomó contacto.

Se desprende de lo anterior, que si bien es cierto que Cicerón tuvo una gran influencia de diferentes filósofos y como teórico de la filosofía política no se puede negar que ocupó un lugar importante en las ideas y prácticas características del imperio romano trascendiendo así su propio momento histórico; tan es así que posteriormente, muchos siglos después reconocidos autores admitieron la deuda intelectual que habían adquirido con Cicerón y le rindieron el reconocimiento que merecía, esto en el contexto del Renacimiento Italiano.

Finalmente debe acotarse, que la filosofía característica romana tenía como esencia el eclecticismo, es decir, la conciliación de varias doctrinas de diferentes escuelas, siendo Cicerón el representante típico del eclecticismo romano. (Fuenmayor, 1992, p. 93).

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